Decía Rodolfo Serrano en su libro "Un oficio para fracasados" que hace unas décadas cuando nadie lloraba en un funeral, los fotógrafos pellizcaban a los niños para poder fotografiar algunas lágrimas. La anécdota me sirve para traer un tema que siempre me ha preocupado.
El dolor no es una noticia en sí, pero forma parte de ella de manera intrínseca. Es imposible explicar del todo un crimen sin el drama que lo rodea; no se pueden arrancar de un terremoto las historias de quienes lo sufrieron, ni relatar un accidente de avión sustituyendo el duelo de las familias con datos mecánicos. Todo forma parte de la noticia... y el dolor por supuesto también.
Aún así siempre cabe la duda y ante la duda de cómo actuar en informaciones de sucesos y catástrofes, hay una regla básica: ninguna noticia ni su elaboración debería causar más dolor a quien ya está sufriendo.
Como periodista me siento orgullosa de encontrar colegas de tu talla moral. Esta entrada es un magnífico código deontológico para los periodistas.
ResponderEliminarNuria, eres muy muy amable. Mil graciassss!! Un abrazo enorme!
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