miércoles, 13 de julio de 2011

Francisco y los bichos

No es hombre de amplias sonrisas ni calurosas bienvenidas, pero es acogedor a su manera. Con diplomacia militar y a casi dos metros del suelo, nos invita a pasar dentro de su oficina. Franciso mata insectos para vivir y eso se nota sobre un despacho lleno de bichos. Su pasión por el enemigo le ha llevado a colgar del techo una gigantesca avispa de cartón, ha pegado por las paredes mosquitos y libélulas de mentira y sobre su escritorio se agolpan un montón de cucarachas y grillos hechos de plástico.

"¿De qué queréis hablar?", pregunta. "De los mosquitos" le respondo. Y apenas necesita pensar para empezar a hablar. Lo sabe todo sobre ellos, parece que en lugar de exterminar mosquitos, Francisco se dedicara a cuidarlos y nos explica: "no pican los machos, lo hacen las hembras porque usan nuestra sangre para desarrollar a sus crías" como si los justificara.

Lo de Francisco no es afición, es una pasión que se desborda sobre los que le rodean y me invita a imaginarle escapando de este monótono país donde las picaduras de mosquito son tan solo una minúscula molestia de verano... para aterrizar en algún lugar de África donde estos insectos sean una terrible amenaza contra la que poder usar todos sus conocimientos...

El reportaje ha terminado y no hay sonrisas de complicidad en la despedida. Nosotros nos vamos como ese mosquito que ya ha chupado la sangre que necesitaba... y Francisco se queda soñando desde su pequeño despacho lleno de bichos de cartón.

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