"¿De qué queréis hablar?", pregunta. "De los mosquitos" le respondo. Y apenas necesita pensar para empezar a hablar. Lo sabe todo sobre ellos, parece que en lugar de exterminar mosquitos, Francisco se dedicara a cuidarlos y nos explica: "no pican los machos, lo hacen las hembras porque usan nuestra sangre para desarrollar a sus crías" como si los justificara.
Lo de Francisco no es afición, es una pasión que se desborda sobre los que le rodean y me invita a imaginarle escapando de este monótono país donde las picaduras de mosquito son tan solo una minúscula molestia de verano... para aterrizar en algún lugar de África donde estos insectos sean una terrible amenaza contra la que poder usar todos sus conocimientos...
El reportaje ha terminado y no hay sonrisas de complicidad en la despedida. Nosotros nos vamos como ese mosquito que ya ha chupado la sangre que necesitaba... y Francisco se queda soñando desde su pequeño despacho lleno de bichos de cartón.
El reportaje ha terminado y no hay sonrisas de complicidad en la despedida. Nosotros nos vamos como ese mosquito que ya ha chupado la sangre que necesitaba... y Francisco se queda soñando desde su pequeño despacho lleno de bichos de cartón.
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