martes, 19 de julio de 2011

Josefa fue noticia

Cuando no está pendiente del reloj, está pendiente del teléfono y entre medias Josefa atiende uno a uno a todos los periodistas que esperan en la puerta de su casa. Como con una estrella de cine, hay que respetar los tiempos, pero ella ni siquiera sabe que fuera se han hecho turnos y sigue pendiente del teléfono y del reloj.

Cien personas en el número dos de la calle Primavera. Quizás veinte son periodistas, quizá más. Se mezclan técnicos de televisión con jóvenes de la plataforma 15M y un pequeño grupo de mayores con su propia pancarta. Hay vecinos, hay amigos, hay gente que pasaba por allí y se quedó y a la vuelta de la esquina se aproximan las once y cuarto. Es la hora del desahucio, la que pone cruel puntualidad al final de sesenta y nueve años viviendo en la misma casa. Es la hora de que llamen a su puerta y a su puerta nadie llama.

Llega un abogado y la gente le confunde, a punto están de impedirle pasar y eso que trae la mejor de las noticias: el desahucio se ha aplazado. Hay sonrisas de periodistas en la casa de Josefa. Luego el aplauso de todos, los gritos, el megáfono, los empujones y la críticas a las cámaras que les tapan, que no les dejan ver en directo las lágrimas de alegría que brotan de una mujer agradecida.

Son las once y cuarto. Es la hora del desahucio, pero no aquí... en el número dos de la Primavera, Josefa está en la calle, pero su casa sigue siendo suya de momento.

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